Hago un paréntesis en la recta final de la escritura de mi novela para comentar los sucesos de anoche en Venezuela.
Se dio. Ocurrió otra vez. Otra vez como en Panamá en 1989 cuando bombardearon la capital de noche, mataron a más de tres mil personas y secuestraron al gobernante, que en ese caso era uno de sus socios, pero se les estaba saliendo del canasto. Otra vez como miserables ladrones, de noche, por sorpresa, sin declaratoria de guerra, atacaron una capital como parte de su acostumbrada operación de saqueo y despojo de recursos que no les pertenecen.
Los gringos tienen impresa en su historia la patente de corso en algo que ellos llaman la doctrina Monroe, en la que un bastardo racista y colonialista del siglo XIX se sacó del recto la idea de que un dios había delegado la posesión de todo el continente a ellos, blancos, descendientes de europeos, asesinos de indígenas, traficantes de seres humanos. Esta escoria de la tierra se asumió como dueño de recursos, países y personas y desde sus orígenes se empeñaron en robar para subsistir. El país parásito, empezó sus correrías robando la mitad del territorio de México, luego continuó con incursiones en diferentes partes del continente, fundó un país para crear un canal interoceánico arrebatándoselo a Colombia. Luego se apropió de islas para fundar su hegemonía comercial y militar. Puerto Rico, Cuba, Haití, Hawai, Filipinas. Intentó conquistar Centroamérica financiando a un empresario racista que pretendía extender los estados esclavistas del sur desde Guatemala hasta Costa Rica. En esos tiempos gracias a la rebeldía del país más pequeño y pobre, el pirata filibustero fue derrotado y fusilado, pero la semilla más venenosa del empeño gringo ya había quedado sembrada en nuestras tierras.
Esa semilla era la traición y enajenación de algunas clases de las sociedades latinoamericanas.
Porque ese es el gran problema de Latinoamérica.
El malinchismo, la traición a nuestra raza, nuestro pueblo, nuestra cultura, por un puñado de dólares. El arma más poderosa del enemigo.
Por eso, mi indignación no va tanto hacia los gringos porque ya uno sabe que son unos malditos ladrones colonialistas que sobreviven de lo que roban. No se puede hacer mucho por evitar que esa escoria siga destruyendo el planeta, aparte de desear que más pronto que tarde, revienten en pedazos a través de una breve pero sangrienta guerra civil. Lo tienen muy merecido y si la justicia existiera, sucedería.
Pero lo que me deprime más de esta situación es el malinchismo latino. Los que aplauden el ataque de los yanquis, creyendo que como en las películas de mierda con que les han llenado el cerebro, ellos van a liberar a un pueblo y restablecer la democracia. No hay forma más fácil y directa de determinar el grado de imbecilidad geopolítica que revisar los comentarios en las redes de tonticos felices porque los gringos invaden un país latinoamericano. Es más me corrijo, no es tanto el nivel de imbecilidad, si no el de hijueputismo traidor. Eso es lo que valen los que consideran que un gringo, tiene derecho a mandar sobre un hermano latinoamericano.
Como dice el dicho de que la fortaleza de una cadena está en su eslabón más débil, se puede decir que la fortaleza de un castillo está en la consciencia de su guardián más cobarde. Se puede aplicar para una invasión gringa en un país extranjero, como en los gobiernos que privatizan bienes, recursos y servicios, como en los ciudadanos que rinden pleitesía a los imperialistas que les roban el futuro a sus hijos.
Por lo pronto, los sucesos están trascurriendo. Capturaron a Maduro, y bombardearon el país, matando quien sabe cuantos inocentes. Hay que ver como procederán los yanquis en adelante.
Muy probablemente, vayan a fomentar desórdenes y rebeliones lideradas por vendepatrias muy bien pagados, todo para poner un ambiente de caos y agotar al ejército hasta el punto de hacerlo aceptar un gobierno impuesto por la oposición. Esta oposición naturalmente vendrá casi toda con funcionarios que viven hace años en miami.
Luego vendrán los contratos con las petroleras gringas, Chevron se llevará la parte del león y en consecuencia, el petróleo subirá de precio estrepitosamente y las ganancias irán directamente a Texas y Washington.
Pasarán pocos años y los venezolanos que están celebrando la caída de Maduro en el exterior, seguirán tragando cable como inmigrantes en el extranjero, porque la situación nunca se llegará a solucionar en su país. La crisis económica se pondrá peor y se nivelarán con Argentina para que esta sea la referencia de cómo deben de vivir los latinoamericanos bien domesticaditos bajo el látigo del amo gringo.
Si se produce una invasión militar declarada, la violencia de la guerra se desatará.
Si eso sucede, solo esperamos que Venezuela sea la tumba del imperialismo yanqui y que la V de la Victoria de Vietnam, sea también la V de Venezuela.
Para recordar, al gran Hugo Chaves Frías
¡¡VAYANSE AL CARAJO YANKEES DE MIERDA!!




