Escribo esto el primero de febrero de 2026. Hoy se están llevando a cabo las elecciones presidenciales en Costa Rica y desde hace años un proceso como este no era tan trascendental. He intervenido mucho en las redes sociales las últimas semanas, a pesar de que me había propuesto alejarme al máximo de las mismas, pero la pasión que está despertando estos comicios me lo ha impedido. Se juega mucho en una Costa Rica que muchos llaman dividida, pero que yo llamo totalmente sometida al imperio de las redes y a la dominación del algoritmo.
El fascismo está en ascenso y el imperio más peligroso de la historia, herido de muerte pretende apropiarse con descaro ahora, de todos los recursos que pueda para mantener el estilo de vida de millonarios pedófilos. En ese estado de las cosas en nuestro país, el oficialismo pretende continuidad para establecer a través de un congreso ocupado por sus secuaces, la modificación de la constitución política y cambiar por decreto leyes establecidas que favorecen a los trabajadores y al entorno social también en beneficio de sus amos imperiales y de los millonarios locales. Han anunciado que quitarían las garantías individuales, según ellos para reprimir a los criminales, cuando todos sabemos que como en cualquier dictadura, se reprimiría a los opositores que intentaran evitar sus desquiciados abusos de poder. Por desgracia las encuestas realizadas han presentado escenarios funestos donde el partido usado por los orates en el poder alcanza mayorías bastante claras.
Todo esto es inexplicable dado que el actual gobierno no ha logrado nada que valga la pena, no ha hecho ningún cambio ni ha mejorado la situación de los costarricenses. Ni siquiera de los que le apoyan. Lo que ha hecho es llamar la atención a través de gritos y groserías, de llevar a niveles de la política a personajes soeces que con descaro se expresan como cualquier hincha del futbol en medio de un partido, sin demeritar a los hinchas del futbol, pero me refiero al contexto. El único logro del gobierno del Rodrigo Chaves ha sido convencer a muchos de que gritando e imponiéndose, o abusando de su fuerza o burlándose como un bully colegial, se puede liderar un país. Así los que por dentro traen un machista, un abusador, un misógino, un pendenciero, un grosero, un cavernícula o cualquier clase de esperpento no apto para la sana convivencia social, se han visto representados y muy felices han ido detrás de ese que les hace saber que no está mal pegarle a una mujer, manejar borracho, acosar a personas, burlarse de homosexuales o contaminar y destruir el medio ambiente, porque su héroe lo hace a vista y paciencia de todos y tras de eso es el primer ciudadano de la Patria.
Esto no habría sucedido de haber acontecido en un lugar donde no estuviera casi toda la población zombificada por las redes sociales. Esa es la gran herramienta del fascismo y les vende la idea equivocada de un líder que representa al pueblo pero que es solo un personaje que les parece cercano a sus traumas infantiles y a sus impulsos primitivos que la debilidad y la falta de empatía les hace ideal.
Escribo esto dos horas antes de cerrar las urnas y quedará como una bitácora muy resumida del momento que estamos pasando. Mañana actualizaré la información y quedará para la posteridad como Costa Rica se quebró para caer en la debacle fascista, o seguirá con su nadadito de perro neoliberal, pero al menos lejos de los déspotas y ojalá con una población mucho más consciente de lo que se está jugando.




