domingo, 8 de febrero de 2026

EPSTEINCRACIA

 

            Hace como un cuarto de siglo en un lugar perdido entre Tambor y Montezuma, en la península de Nicoya, en los inicios de la gentrificación cuando esa zona era más innaccesible, yo trabajaba en una construcción propiedad de unos gringos ubicada en un residencial de lujo muy escondido y exclusivo para gente de esa nacionalidad y esa plata.

 

En ese lugar vivían varios yankis en lujosas mansiones en medio de un gran campo de golf, un hotel y unas playas que no tenían acceso desde la calle pública. Casi todos eran gringos jubilados que venían a morir en medio de lujos que solo aquí podían darse y entre ellos había un sujeto no tan viejo que vivía solo, en una de las mejores propiedades. El tipo era amigo de los dueños de donde yo trabajaba y me enteré a través de la asistente del gringo propietario algunas historias de las que no di crédito en ese momento. Decían que el tipo era algo así como un filántropo excéntrico porque ayudaba económicamente a algunas muchachas de Puntarenas y San José, con sus gastos en la escuela y el colegio y que durante las vacaciones escolares las invitaba a visitarle a su mansión frente a la playa. Claro la historia redundaba en las actividades del sujeto cuando las niñas llegaban en grupo a su casa.

 

            La historia despejó las dudas cuando un día el gringo en cuestión se dejó llegar a la construcción montado en un cuadraciclo con dos señoritas muy jóvenes, una adelante y la otra atrás de él en vehículo. Cuatro operarios que trabajaban en la estructura de techo casi se caen por estar mirando a las muchachas que viajaban en traje de baño y que se quedaron en el lindero de la construcción mientras su anfitrión entraba a saludar al propietario. A partir de ahí, lo que podría estar sucediendo en la mansión de ese individuo pasó a ser el tema central de las conversaciones de los trabajadores. Yo, por mi parte me convencí de que era verdad lo de que el gringo ese, al igual que muchos otros que vienen a vivir a nuestras tierras no solo lo hacen por el clima y las playas. Lo hacen porque traen dólares y eso les da poder para hacer cosas que en su país no se animaban a hacer. No me extrañaría que algunos de sus vecinos y porque no, algunos nacionales que le ayudaban en su rapacería, le mantuvieran fuera del alcance de la ley para también participar de sus fiestas de salida a vacaciones. Eso que sucedía ahí, perfectamente era una situación a escala de lo que sucedía en la isla de Jefrey Esptein.

             

El caso Epstein ahora revienta en la cara de todos los que se asomen un rato a internet y tiene al gobernante del imperio yanqui, el gran payaso naranja,  sumido en una poza séptica a pesar de que sus pataleos por salir desaten aranceles, conflictos, secuestros, invasiones y mucha matonería. Una interesante teoría conspirativa que tiene mucho sentido ubica al millonario perverso muy amigo de sus amigos, y a su pareja como agentes del mossad. La teoría tiene pies y tiene cabeza para los que no nos explicamos porqué todos los gobiernos de occidente son tan permisivos y cariñosos con el estado fascista, colonialista y genocida de iSSrael. Pues una respuesta sería que los iSSraelíes tienen a todos sus gobernantes, políticos influyentes, empresarios poderosos muy bien sujetos de las gónadas gracias a pruebas de quien sabe que barbaridades cometidas bajo la tutela de su amigo Epstein. Ahora que el escándalo está vigente, que se están manchando nombres y se está apuntando a los cómplices del suicidado amigo de Trump, es momento de ver el asunto desde otra perspectiva más allá de la noticia y el morbo.

 

Tenemos que mirar más allá del escándalo, de la operación de chantaje del mossad, del crimen. Veámoslo como el fenómeno socioeconómico que es, todo lo que este miserable y sus amigos hacían era moneda corriente en los tiempos de la esclavitud o en épocas de colonialismo imperialista. Hacían lo que querían con seres humanos, por el mero hecho de que su privilegio económico lo permitía y esos privilegiados eran los dueños de la ley. Entonces veamos el caso epstein como un regreso de las oligarquías absolutistas, un regreso que el capitalismo ha permitido y que las mayorías han tolerado. 


 

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