domingo, 11 de octubre de 2026

SE LO DEBO A LA DONCELLA

     

So understandDon't waste your time always searching for those wasted yearsFace up, make your standAnd realize you're living in the golden years

 

       Hace poco más de cuarenta años yo era un boy scout que por alguna razón perdida entre las nieblas de la memoria, no fui ese sábado por la tarde a la reunión de los escultistas de la unidad 165 en el parque de Paraíso. Por alguna razón en el viejo aparato de televisión que tenía solo los canales del dos al trece, marqué al último numeral, la docena del diablo, como habría recordado tal vez por alguna novela de piratas de Salgari de las que tanto me gustaba leer entonces y encontré algo que cambiaría mi vida en adelante.

       Encontré la música. 

Y no es algo que no conociera, ni algo que fuera ajeno a mi entorno. Mi papá tenía su coleccioncita de discos, de los que en ese entonces nadie conocía como discos de vinil o acetato, porque eran los únicos discos que había, excepto por los discos de la cocina eléctrica. Pero su música era algo que no me llamaba la atención, excepto por algunas canciones de Joan Manuel Serrat, cuya poesía tal vez empezaba a sonar campanillas que mucho más adelante me llevarían a leer a Machado y a Miguel Hernández. Hasta ese momento no comprendía que la música pudiera mover a alguien a conmoverse, tal vez porque con solo una escasa década en este planeta, habría tenido que descubrir otras cosas antes para poder seguir sobreviviendo. Aunque ahora que lo pienso, más bien diría: ¨Seguir viviendo¨ porque en aquellos años y a esa edad, se vivía. Es ahora cuando se debe decir: ¨Se sobrevive¨.

       La música que había escuchado en la radio hasta entonces, no me había movido ni un pelo, a excepción de algunos pasajes de música clásica que hacían evocar secuencias de películas de acción. Pero no, hasta ese momento no había descubierto de verdad a LA MÚSICA. ¿Y cómo la descubrí ese sábado por la tarde cuando no asistí a la reunión de los scouts?

       La descubrí cuando en canal trece encontré un programa donde pasaban a blanco y negro imágenes sobre duelos de aviones de la segunda guerra mundial. Pero no era una película, eran imágenes que acompañaban una canción de rock, un video musical. Escuché en ese momento un tipo de rock que no sonaba en la radio y que no había escuchado nunca. Era algo a la vez melódico, intenso, rápido, fuerte y que calzaba con la idea de lo emocionante que pueden ser las batallas aéreas de los ases del aire de la guerra. Estaba, como supe un tiempo después, a mis diez años ante el video musical de Aces High de Iron Maiden.

       El programa Por los caminos del rock, dirigido por Francisco Pujol, bajista del grupo Acero, puso en la televisión nacional al heavy metal, la música que calaría de verdad en el sistema nervioso de una generación completa y muchas más a partir de eso. Así con Iron Maiden, fue que comprendí que la música era más que sonido, era compañía, comprensión, impulso, motivación y sobre todo una llave para tener una perspectiva emocional de la realidad. Algo que como a muchos, me ayudó como acompañamiento durante la transición hacia la adultez. Con el tiempo vendrían los casetes grabados a partir de los discos que los amigos que tenían la fortuna de poseer los discos y luego los casetes originales, como el que aún conservo del Powerslave que aún suena bastante bien a pesar de sus más de treinta años de antigüedad. Y luego vendrían Metallica, Anthrax, Megadeth, Sepultura, y mucho, mucho más metal, que a la fecha escucho con gran afición aunque sin el dogmatismo adolescente que me cerraba los oídos a otros tipos de música por aquellas épocas. 

       Así pues, gracias a la doncella de hierro, conocí y me apasioné por la música. Esta es mi historia con Iron Maiden, en los años de mi juventud cuando agonizaba el siglo pasado, consideraba casi iluso llegar a pensar que podría estar alguna vez en un concierto de Maiden. Entonces en 2008 se anunció la primera visita de la banda a Costa Rica. Ya era un treintón trabajador pero aún así, saqué vacaciones y me fui con mis amigos a pasar todo el día desde temprano en los alrededores del estadio Ricardo Saprissa, esperando la noche para nuestra primera cita con la doncella.

 Los medios de comunicación nacionales que acostumbraban pintar de amarillo sus carencias de inteligencia y valentía, trasmitían en las noticias a todos los que iban al concierto, exponiéndolos como bichos raros, inadaptados y satanistas. Trascendieron entonces declaraciones de curas y pastores condenando la mala influencia para la juventud y la gente asustada, creía que Costa Rica caería bajo el influjo de Satán y sus esbirros metaleros. Pasó el tiempo y los empresarios de espectáculos notaron la mina de oro que significaba traer bandas que llenaran estadios y la que más lo hacía fue Maiden, así que llegaron por acá un par de veces más. En una de esas ocasiones, una compañera de trabajo me contó que la secretaria del jefe les decía, a mis espaldas obviamente, que debían rociar agua bendita en las oficinas porque yo estaba trayendo presencias oscuras al trabajo por haber ido a ese concierto. Esa misma mujer, decía que el avión de la banda que tenía estampado el número 666, sobrevolaba el país antes de aterrizar para maldecir a los primogénitos de todas las familias ticas. A saber si esas maldiciones están surtiendo efecto ahora con la patética recua de anfibios que nos gobiernan y la fauna estulta que les apoya. 

Ayer, Iron Maiden realizó su cuarta presentación en Costa Rica y como miles más, todos con historias parecidas o muy distintas a la mía, me regocijé y les agradecí por su música. Tal vez esta sea la última vez que les veamos por estos lares y tal vez muchos de los más jóvenes que los vieron por primera vez en este concierto, recuerden cuando sean viejos haber escuchado la ¨Rima del anciano marinero¨ interpretada por sus creadores y en la voz única de Bruce Dickinson. 

Eso si es que la inteligencia artificial combinada con la estupidez humana, les brinda algo que se llame futuro.

Este es el repertorio con el que los Iron Maiden regocijaron a la muchachada.

 

martes, 18 de agosto de 2026

LA DULCE QUEJA

 

Hoy hace noventa años, los fascistas asesinaron a Federico García Lorca. Lo asesinaron por ser poeta, por ser homosexual, por ser un dramaturgo de éxito reconocido en Hispanoamérica y sobre todo lo asesinaron por ser antifascista, por amar la vida y a la libertad, a la que le cantaba enamorado y le escribía apasionado. Poetas y escritores tuvieron también en su bando los fascistas, mediocres y ridículos si es que alguien los recuerda. Homosexuales, también y por montones, pero de los que ocultaban sus gustos y los gozaban en las oscuridades de las barracas militares, las sacristías cerradas con picaporte y las oficinas de generalísimos, donde se sacaban las máscaras de hierro y vergüenza. Luego se las ponían de nuevo para volver a casa a aporrear a su mujer y a sus hijos.

       Lo que no tenían los fascistas eran amantes de verdad. De los que aman la vida, la libertad y a su gente. De los que prefieren el plomo caliente antes de traicionar a la belleza y al amor. No lo tuvieron Franco, Mussolini, Hitler, Churchill, Truman, ni Eisenhower. Y no lo tendrán nunca Trump, ni Netanyahu, ni Milei, ni Bukele, ni de la Espriella, ni el chavesti, ni su títere, ni ninguno de los fachos amargos y patéticos que pretenden volver a reptar por la tierra.  Ellos no tienen ni tendrán palabras ordenadas que formen un poema. Esa gente escupe ceniza cuando habla y el tiempo se encargará de desmoronarlos. Pero para ayudarle al tiempo, los antifascistas recordaremos a las víctimas y con un poema en la boca y un fusil en la mano, recuperaremos la tierra.

 

Soneto de la dulce queja

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

domingo, 16 de agosto de 2026

CATORCE DE AGOSTO

 

     

    para doña Ligia... 

     Nostos es el sentimiento de añoranza por el hogar que sentía Odiseo y sus hombres mientras luchaban contra los mares y la furia de Poseidón en su regreso a Ítaca. De ahí viene la palabra nostalgia. Nostos es lo que me impulsa a manejar de regreso a casa desde mi lugar de trabajo a encontrarme con mi tierra, mi amada y con mi madre.

Ayer los cien kilómetros de Nostos, fueron un poco arduos por las condiciones del temporal tropical que azota el país, pero la añoranza junto al oportuno mensaje de mi madre que me ayudó a cambiar de trayectoria y evitar Turrialba donde la caída de un árbol y un derrumbe interrumpieron el paso, y cambiar la ruta hacia Atirro, Tucurrique y Cachí, hizo el viaje más tranquilo y sin sobresaltos.

Este día de la madre no podía dejar de pasarlo sin ella. En unas semanas se cumplirán dos años de la muerte de mi padre y su salud y su vigor ya no son lo que fueron siempre. Hace unas semanas, nos anunció que se había decidido a consultar al doctor, el médico de confianza de toda la vida, sobre un temblor en sus manos, que hace tiempo no puede controlar. El médico le dijo que todo indicaba ser el inicio del mal de Parkinson. Pero igual le recomendó, que mejor sacara cita con un especialista. Pasaron un par de semanas largas antes de que mi hermana la llevara al neurólogo privado que pagamos entre los tres hermanos. Durante ese tiempo, dejó de salir sola a la calle y mi esposa tuvo que acompañarla a hacer los mandados que antes hacía sin ningún problema. El pasado fin de semana la acompañamos a la misa del mes de mi padre y recuerdo mientras la abrazaba al estar junto a ella, con mi mano sobre su hombro, sentí o creí sentir ligeros temblores que brotaban de su espalda. No sé por qué, pensé en los espasmos de la madre tierra que provocan el desplazamiento de sus placas y resultan en terremotos como los que han devastado regiones de Venezuela y Colombia los últimos días.

El dictamen del neurólogo después de revisarla y hacerle muchas pruebas de equilibrio, fuerza y movimiento, descartó el Parkinson. Le dijo que los temblores son propios de ciertas deficiencias propias de la edad. ¨Es la viejera¨ dijo ella, sonriendo de felicidad y comprometiéndose a consumir más huevo por la proteína y banano por el potasio, a pesar de lo que le han disgustado siempre estos alimentos. Todos recibimos la noticia con gran alegría, todos le agradecieron a Dios y yo no le agradecí a nadie, pero igual me sentí agradecido. Y feliz. Sabía que ella estaba bien, como siempre lo ha estado para nosotros. Cuando llegué a casa la vi en el comedor, estaba junto a la mesa en la que estaban las rosas que le envíe el día antes de la cita con el neurólogo, y después de abrazarla me agradeció por ellas. ¨Están muy lindas, son como las que me regalaba su papᨠdespués me dijo que el diagnóstico del neurólogo le trajo otra gran alegría un catorce de agosto.

—Cincuenta y un años después he tenido otra gran alegría —me dijo en medio del abrazo—. Ese fue el día en que me lo entregaron a usted en el hospital después de que lo operaron.

Un mes después de que nací tuvieron que hospitalizarme y operarme en una intervención de vida o muerte. Era 1975 y una operación a un recién nacido no era cosa fácil para los médicos. Mucho más difícil, creo yo, fue para mis padres que miraban cómo casi se moría su primer hijo. Todo salió bien, me operaron y aún llevo el recuerdo en una cicatriz de cinco centímetros a la par del ombligo, el alacrán, decía mi padre, que en ese entonces cruzaba todo mi abdomen. El catorce de agosto de ese año, me recibieron por segunda vez desde el hospital y mi madre no sabía de la otra gran alegría que tendría cincuenta y un años después.

viernes, 14 de agosto de 2026

MÍNIMO ACTO DE REBELDÍA

Mi acto de rebeldía contra el mundo es levantarme a las cuatro de la mañana a escribir.

Escribir sobre lo que sea, sobre el mundo, sobre la realidad que nos está tocando padecer, sobre el futuro que ahora más que nunca se nota cada vez más tenebroso y fatal de lo que alguna vez pudimos pensar que sería. Hace rato que no escribo.

Hace rato que dejé ese acto de rebelión estancado, no por falta de deseo sino porque no contaba con las energías para realizarlo. Conseguí un trabajo y he regresado al estado de estrés total de la realidad capitalista en un mundo al borde del cataclismo, que consume nuestra atención, nuestro ocio y al final nuestro futuro para echarnos migajas con qué poder tener la ilusión de estar vivos. Pero era necesario hacerlo, el sistema ya me tenía arrinconado contra el borde de la indigencia y no me decidí nunca a morir de hambre porque aún, a pesar de todo, creo que la vida vale la pena ser vivida cuando se tiene a gente que te brinda calor, amor y esfuerzo por soportarte. Tal vez por eso no opté por terminar con esto, renunciar a la vida como he renunciado a tantas cosas y dar el salto final por voluntad propia. No lo hice porque tuviera miedo, no, temo muchas cosas pero a acabar con mi vida no le tengo miedo. Pero me dolería dejar a esa persona que me quiere y a esta vida que aun a pesar de todo, encierra tanta belleza. Por eso, por esa belleza que aún encuentro todos los días, decidí continuar y cometer algo peor que el suicidio: entregarme de nuevo al sistema como esclavo y meretriz, como engranaje de la máquina que devora personas y que es operada por minorías que no paran de carcajearse en nuestras putas caras.

            Por eso hago el esfuerzo de escribir todas las madrugadas, aunque no publique nada, aunque nadie me lea, para demostrar al mundo, empezando por mí mismo, que se puede crear un mundo diferente, aunque sea aportando un guijarro de palabras cada día. Cada día que inicia con una nueva creación de un ser humano que decidió enfocarse en cambiar la realidad y buscar la forma de crear algo que aporte algo para el nuevo mundo, vale como el justificante para luchar y para recuperar todo lo que nos han arrebatado. A pesar de lo que te quitan de vida para entregarte a cambio treinta monedas con las cuales poder comer y pagar tus deudas, puede quedar ese último esfuerzo por la rebelión cotidiana para hacer algo que cambie las cosas. No solo para uno, porque eso no sirve de nada. La autoayuda, la mejora individual, la autosuperación del individuo, no es más que masturbación. Lo que vale es la creación y compartir esta creación con los demás. Ayudar a otros a enfocarse y a volver a poner la atención en lo que tienen enfrente y no en el espejito negro que nadie suelta porque lo tenemos enganchado con anzuelos de golosina a nuestro cerebro.

            Así pues, lo repito: mi mayor acto de rebeldía diario, por humilde y barato que parezca es levantarme a las cuatro de la mañana a escribir. A crear algo que antes no estaba porque esto es cambiar el mundo. Si todos pudiéramos hacer un acto creativo cada día sacrificando un rato de sueño, o mejor aún, sacrificando la atención que le regalamos a los dueños de la máquina, podríamos poner a girar el mundo en otra dirección. Hacia donde todos quisiéramos que girara, hacia un mundo en el que se pudiera vivir y no luchar por sobrevivir.


 

viernes, 15 de mayo de 2026

El pueblo de dioSS


 Un trabajito inspirado en una de las fotografías de la extraordinaria serie realizada por la fotógrafa  @gloriannaximendaz , realizadas durante el traspaso de poderes de este 8 de mayo. 

La verdad es que no hay mucho más que decir sobre los seguidores del chavestia, después de observar las imágenes de este fotoreportaje. No nos queda más que reír para no llorar. Como dice el humorista mexicano Franco Escamilla : ¨Parece chiste pero es anécdota¨.

jueves, 14 de mayo de 2026

CARROS, CARROS, BALAZOS, CARROS


 


            Hace un par de días en Cartago sucedió un accidente de tránsito, de los cientos que ocurren todas las semanas en las infestadas calles de Costa Rica. Pero este terminó en la muerte de un balazo de uno de los implicados. Lo primero que escuché sobre el tema fue que ya se cumplía un mes en Cartago sin que hubiese homicidios, y que se podía considerar que la normalidad había regresado a la vieja metrópoli, después de meses de contar con violencia casi cotidiana debida a implicados en el narcotráfico. Nunca los cartagos pensamos que nos convertiríamos en algo así 

como lo que fue Medellín en Colombia durante los años noventa. 

 

Pero regresando al caso, un vulgar accidente de tránsito implicó un nuevo homicidio. El mismo día ya circulaba el video. Una calle saturada de carros. Dos están detenidos, un pick up blanco y un automóvil que le ha golpeado por atrás. Junto a la puerta abierta del pick up, su conductor de camisa azul habla por teléfono observando al conductor del auto que le chocó, de camisa roja, que le dice algo desde al lado de su carro. Este último entra a su carro y saca algo, no se nota que es, y avanza hacia el conductor del pick up amenazándole con lo que sacó de su carro. Este reacciona dejando el celular y sacando algo de dentro de su carro, es una pistola. La toma con las dos manos y apunta al que se acerca amenazándole. Le indica que se detenga, mientras retrocede siempre apuntándole con el arma. El otro titubea un poco pero continúa hacia adelante. En el video no se nota el disparo ni mucho menos se escucha, es de una cámara de vigilancia algo distante, pero si se nota que de pronto el atacante de camisa roja, se devuelve saltando en un pie. Al parecer el disparo le dio en la pierna y regresa a saltitos hacia su vehículo. No logra llegar. El del arma, toma de nuevo el celular. El herido, aparece luego en el suelo, donde muere desangrado.

 

            La saturación vehicular sigue durante todo el video y al final no cambia, no se notan más seres humanos, solo carros y carros y más carros alrededor. Luego las opiniones sin fin en las redes sociales y las noticias alarmistas y amarillistas que no veo, pero que repasé en YT para escribir esto. ¨Defensa propia¨, ¨Debió detenerse y estaría vivo aún¨, ¨Por matón..¨ y en la tele: ¨de treinta y tres años, padre de seis y abuelo de uno¨, ¨esto no debió haber pasado, esto no se va a quedar así¨, ¨era el único sostén de la familia¨. Prefiero en este momento no referirme a esto. Lo que nadie ha dicho es ¿Por qué el que tuvo la culpa del choque fue a atacar a la víctima? ¿Qué pasaba por la cabeza del que pronto estaría muerto, para no detenerse ante alguien que le apunta con un arma de fuego? ¿Cómo habría terminado esta historia si el chofer de pick up no hubiese portado un arma?

 

            Otro suceso más que nos demuestra que este ya no es un país seguro y tranquilo, mucho menos pacífico. Siempre los ticos se jactaban de haber visto todas las guerras en Centroamérica, desde afuera y que éramos la Suiza centroamericana. Ahora tenemos a la violencia anidada en nuestras calles. En nuestras mentes. La salud mental del costarricense se cae en pedazos. Si hacemos el ejercicio de ponernos dentro de la cabeza de un hombre que es  padre de seis hijos, que a los treinta y tres ya es abuelo, que es el único sustento de su familia y que circula en automóvil compartiendo espacio con miles de personas con situaciones tan o al menos parecidas a la suya, podríamos comprender que esa cabeza es una olla de presión a punto de estallar. Tal vez este individuo nunca vivió en un hogar donde se demostrara afecto y se enseñara a controlar las emociones. En su escuela y en su barrio creció copiando modelos que aprendió en la tele y aprendió que el más fuerte es el que siempre gana. Así pretendió ser siempre el más fuerte, pero para su pesar, la vida le fue derrotando una y otra vez. El sistema en el que le tocó vivir le demostró que no es más que un número, una estadística. Más recientemente podríamos decir que se sintió apoyado y representado por un grupo político que llegó al poder y que validó aquello de que el macho alfa es el que tiene que mandar. Pero no llegó nunca a enterarse de que lo engañaban todo el tiempo y que todavía el sistema seguía manejado por las élites que le despreciaban y le usaban como un tonto útil. Descargaba sus frustraciones contra sus semejantes y así su explosión de furia e irracionalidad ante el accidente que él provocó, le quitó todas las frustraciones para siempre. 

 

            Casi que todas las personas que conozco, hemos enfrentado una situación de ira descontrolada en la carretera con menores o mayores consecuencias. A mí me tocó aguantarme a un borracho discapacitado amenazarme con un arma blanca, (el episodio del quince uñas), a otros les ha tocado enfrentar armas de fuego o liarse a golpes con desconocidos por idioteces que son producto del desmadre mental-vial costarricense. Del gobierno que empezamos a padecer en estos días, con sinceridad no espero que se vayan a tomar decisiones importantes al respecto, no tengo la más mínima esperanza de que se realicen cambios radicales para cambiar de una vez esta demencia generalizada en las calles. Pero para el futuro, aunque se establezcan campañas urgentes de salud mental, no se podrá aminorar la guerra en las calles porque la rabia epidémica ya estará más que instalada en la psicología de todos o la mayoría de los conductores. Todo esto porque no se tomaron las medidas sociales a tiempo y la comunidad terminó viendo al vecino, al del carro de a la par, como a un rival a vencer.   

 

    Esto no cambiará ni aunque pongan de ministro de transportes a algún renombrado psiquiatra.  

 

 

 



martes, 21 de abril de 2026

PLAYA PANAMÁ

 


            Hubo un tiempo, hace más de veinte años en que fui parte de la máquina gentrificadora que entonces convertía a Guanacaste en la colonia extranjera que es ahora. Digo esto sin estar orgulloso de eso, todo lo contrario, aunque no era más que uno de los tantos ingenieros de una de las tantas empresas constructoras que construían palacetes para los nuevos colonos en un entorno que los nacionales remataban a precio de ganga para tener una casita con aire acondicionado y un vehículo todo terreno para apantallar a vecinos y parientas. Fui ingeniero en varios proyectos que abarcaban la costa desde Playas del Coco hasta Papagayo y me aprendí de memoria toda esa franja y otras zonas del Pacífico norte que visité en los ratos libres que lograba escamotear al yugo de las construcciones. 

 

            En esa época era muy aficionado a nadar en aguas abiertas. Localizaba alguna playa con corrientes tranquilas y la recorría nadando uno o dos kilómetros, distancias que calculaba paralelas a la playa o mirando hojas cartográficas, que se usaban en tiempos previos al Google earth. También hacía, a mi manera, dado que nunca recibí el adiestramiento respectivo, lo que llamaba buceo a pulmón. Encontré algunos arrecifes entre Hermosa y playa Panamá y me sumergía a explorar la naturaleza que allí vive. Tiempo después verifiqué que muchos de los lugares a donde lograba entrar con el vehículo de doble tracción que la empresa me había asignado, tienen ahora carreteras perfectamente pavimentadas, pero exclusivas de hoteles y condominios exclusivos para foráneos o nacionales acaudalados. Dejan como único acceso, estrechos y empinados vados para que los nacionales no aleguen que se les cerró el acceso a la playa. Recuerdo que playa Panamá fue el lugar donde más había encontrado mantarrayas tanto cerca de la playa, como algunos cientos de metros mar adentro, y que esta situación, a pesar de que me encantan esos animales, hizo que fuera la que menos frecuentara en mis excursiones acuáticas. 

 

Esta playa en ese entonces no era tan visitada como las demás, pero me llamó la atención que existían restos de infraestructura construida para recibir turistas, todo abandonado. Hasta una placa del ICT, llegué a ver por ahí. Le pregunté a Juan Jicote, amigo oriundo de Filadelfia, que entonces se encargaba del transporte de los trabajadores y con quien comentaba libros y películas y compartía cervezas al final de la jornada, y me dijo que en esa playa se habían construido servicios sanitarios, duchas, ranchos, áreas de camping y que para semana santa y fin de año, la zona se llenaba de tiendas de campaña y de gente principalmente de Liberia que llegaba a pasear al lugar. Decía que era conocida como la playa de Liberia, porque la gente de la localidad disfrutaba de enfiestarse por allá; por la afluencia de turistas nacionales en los años noventa el ICT procuró que existiera la infraestructura suficiente para que el lugar fuera seguro y ordenado. 

 

            Pero, (como siempre en toda historia hay un ¨pero¨ que se caga en todo), en tiempos del Abel Pacheco, el ministerio de Turismo presionó al de ambiente para que se girara la directriz de prohibir los campamentos en la playa y los guanacastecos no pudieron volver a realizar su migración playera anual. Las instalaciones se clausuraron y pronto se convirtieron en ruinas. Por supuesto, el interés del ministerio de turismo era enfocarse en turistas de muy diferente naturaleza. Dejar todas las bellezas de la costa del Pacífico para familias de trabajadores costarricenses era, para los que calentaban las sillas del poder, un excesivo desperdicio de dinero. Y yo le agregaría, la pérdida de muchas bonificaciones por parte de empresarios extranjeros que se beneficiarían en delante de la maravillosa naturaleza nacional.

 

 Jicote, con quien a veces aún tengo comunicación, me cuenta que ahora se dedica al transporte de estudiantes y que los fines de semana se redondea sus ingresos organizando paseos a la playa en su buseta, pero que se limita a llegar a las playas más populares y sobre todo accesibles al transporte, puesto que en sus paseos viajan muchos niños y adultos mayores que no pueden acceder a las playas que no tienen caminos de ingreso seguros y que por desgracia son las playas más bonitas. Todavía playa Panamá es uno de sus destinos frecuentes, pero se ha enterado de que anda cierta chusma vandalizando los autos de los turistas que llegan a pasear por ahí. Según sospecha esta chusma es pagada por israelíes dueños de un par de hoteles de lujo nuevos que así, pretenden disminuir la cantidad de turistas ticos en la playa y dejar espacio para sus clientes. Él disfruta de tirar su hamaca en alguna sombra y bajarse un par de birritas mientras los clientes de su tour están en la playa, pero la última vez que fue ahí tuvo que quedarse cocinándose en vida dentro de su microbús, cuidándola para que no le fueran a estallar una llanta o a reventar el parabrisas de una pedrada. 

 

—La playita es para disfrutarla —me decía—, pero ya no nos quieren a los veraneando por aquí cerca. Ahora tenemos que apretarnos todos los en el Coco o en Hermosa, y las demás playas son para los que tienen la plata para pagar estos hoteles. Ahora solo queda que las mantarrayas tengan más dignidad que nosotros y les quemen las patas a esos pendejos desteñidos que ya se sienten dueños de Guanacaste.   

 

MINAE APRUEBA LA TALA DE BOSQUE EN PLAYA PANAMÁ 

MEGA PROYECTO EN PLAYA PANAMÁ