Me parece haberlo leído por ahí. Tal vez sería durante los últimos noventa o en los tempranos dos mil, que entrevistaron a Eduardo Galeano sobre su reciente visita a Cuba y el uruguayo universal dijo: ¨Está dura la vida por ahí, les falta de todo. Pero les sobra dignidad. Al contrario del resto de América Latina.¨ Así demostraba ante periodistas casi siempre escépticos y siempre lacayos de los dueños del mundo, que el principal activo del pueblo cubano era su valentía, su terquedad, su soberanía y sobre todo su dignidad. El valor que cada vez menos tienen, de poder decir que su país no es felpudo de nadie.
Nosotros, los habitantes del resto de Latinoamérica, siempre tuvimos la opción de saber lo que en realidad ocurría en Cuba. Si sacudíamos un poco toda la basura que los medios controlados por los millonarios imponían sobre los puntos de vista, nos damos cuenta del ejemplo experimental que era Cuba. Un ejemplo en muchos sentidos, eso sí. Un ejemplo que nos mostraba el imperio gringo, de lo que le ocurría a los países que le desafiaban y preferían la soberanía al sometimiento, una demostración de cómo se podía arruinar a un vecino a través de un embargo económico solo por no alinearse a la voluntad del más fuerte y entregar sus recursos al sistema capitalista. Un ejemplo de lo que les pasa a los países que no se conformaban en ser el patio trasero del gran chiquero capitalista, donde sus chanchos podrían tener más derechos que los habitantes del país.
Pero también para los que tuvieran la voluntad de abrir los ojos, Cuba era un ejemplo de cómo a pesar del acoso económico, a pesar del terrorismo de la CIA, a pesar de la envidia de los gusanos, a pesar de las dificultades propias del aislamiento y la inexperiencia, el país soberano y socialista existía y no solo flotaba en el Caribe como un náufrago en la corriente de la hegemonía imperial, si no que podía proveer salud, educación y seguridad a su gente. Se podía vivir sin hambre, sin trabajo infantil, sin entregar los recursos y las tierras a los poderosos. Se podía vivir sin lujos pero con la certeza de que se era parte de un pueblo que no aceptó el sometimiento y la humillación.
En Costa Rica, el tico promedio creció creyendo que el socialismo cubano había fracasado y que el país era un cúmulo de ruinas y despojos desde la desaparición del gran hermano soviético que compraba el azúcar y les proveía de autos lada y espías de la KGB. Muchos pensaron que a partir del periodo especial, la dictadura de Castro había convertido el país en un inmenso campo de concentración al aire libre, una isla de la que todos querían huir en balsas hacia la libertad de las hamburguesas, porque no tenían nada para comer y que todas las mujeres se prostituían por unas pantimedias y un cartón de huevos. Eso era lo que se inculcaba a la gente no solo en Costa Rica, si no en toda Latinoamérica, que había ocurrido en Cuba por haber optado por un sistema socialista, pero nunca se decía que si el sistema era tan malo, porque los Estados Unidos les mantenía un bloqueo que les impedía comerciar con otros países, recibir turistas de su país, les entorpecía el tránsito de mercancías, entre muchas otras restricciones que al ser la primera economía del mundo, podía ejercer contra el país. Valiente actitud, la del más fuerte del barrio contra el más pequeño que pretende mantenerse lejos de su sombra.
A pesar del acoso prolongado por más de sesenta años, el país ha sobrevivido independiente y digno y eso ha provocado que el imperio que ahora es más violento que nunca porque empieza a retorcerse en medio de la agonía de su pronta desaparición, se ensañe aún más contra la isla rebelde. El imperio gringo, ahora manejado por el gran payaso pedófilo y por una horda incontrolable de fanáticos e incompetentes, pretende dar el gran golpe simbólico de tomar el control de Cuba, para reafirmar de manera simbólica su poder sobre el continente, ya que lo está perdiendo en el resto del mundo. Ahora ha bloqueado, ya de manera absoluta a la isla, ha establecido un estado de sitio al estilo medieval y está matando de hambre y de falta de combustible al país. Además, está ordenando a los países de su órbita servil y sometida, a ser parte del bloqueo.
Costa Rica, un país que alguna vez fue el bastión de hombres y mujeres valientes que detuvieron el avance y luego expulsaron a un grupo de esclavistas gringos que casi conquistó Centroamérica, pero que ahora está infestado de rótulos de FOR SALE en inglés. Un país que ahora con filibusteros en el poder y siervos menguados debajo de ellos, se defiende al yanqui, al rubio, al europeo y se humilla y desprecia al cubano, al nica, al centroamericano, al que es igual a nosotros mismos para quedar bien con el patrón, que luego vendrá a limpiarse el trasero con nuestra bandera.
Hace ya veinte años que fui por primera vez a Cuba. Viajé para aprender, a ver con mis propios ojos la realidad. A ver cómo funcionaba un país socialista, a visitar el país que aún gobernaba Fidel. Pero también fui a escuchar su música y conocer los lugares que habían habitado y amado Martí, Carpentier y Hemingway. Y conocí a muchos cubanos y cubanas y me parecieron gente como nosotros los costarricenses, gente que apreciaba su tierra, que la pulseaba (mucho más que nosotros) por salir adelante y que deseaba vivir en paz. Y que estaban orgullosos de su valor y su resistencia. Los cubanos son gente como nosotros, como el resto de los latinoamericanos también. Compartimos idioma y forma de ser, más de lo que compartimos con los gringos. Pero se nos ha hecho creer que estos, con sus dólares, tienen más derechos que nosotros. Y así, ahora nos están sentando en la gradería de los ingratos, de los racistas, de los envidiosos, de los siervos menguados.
Me gusta fantasear que en un futuro no muy lejano, Cuba volverá a ser ese país independiente y soberano y que toda Latinoamérica también se levantará y tomará su ejemplo para superar las cenizas del imperio gringo ya desaparecido y convertido en varios países que comprendan que se puede existir sin necesidad de aplastar a los demás. En ese tiempo que ojalá aparezca ante los ojos de la generación que ahora va a la escuela, Cuba será un ejemplo histórico de como la identidad y la soberanía pesó más que la codicia y el servilismo. A nosotros nos toca por ahora resistir y protestar, contra los arrastrados que se postran ante el gringo y defender el derecho de Cuba a existir.
El gobierno de Costa Rica cierra la embajada en Cuba
Los perritos falderos hacen piruetas cuando el amo lo ordena




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