jueves, 14 de mayo de 2026

CARROS, CARROS, BALAZOS, CARROS


 


            Hace un par de días en Cartago sucedió un accidente de tránsito, de los cientos que ocurren todas las semanas en las infestadas calles de Costa Rica. Pero este terminó en la muerte de un balazo de uno de los implicados. Lo primero que escuché sobre el tema fue que ya se cumplía un mes en Cartago sin que hubiese homicidios, y que se podía considerar que la normalidad había regresado a la vieja metrópoli, después de meses de contar con violencia casi cotidiana debida a implicados en el narcotráfico. Nunca los cartagos pensamos que nos convertiríamos en algo así 

como lo que fue Medellín en Colombia durante los años noventa. 

 

Pero regresando al caso, un vulgar accidente de tránsito implicó un nuevo homicidio. El mismo día ya circulaba el video. Una calle saturada de carros. Dos están detenidos, un pick up blanco y un automóvil que le ha golpeado por atrás. Junto a la puerta abierta del pick up, su conductor de camisa azul habla por teléfono observando al conductor del auto que le chocó, de camisa roja, que le dice algo desde al lado de su carro. Este último entra a su carro y saca algo, no se nota que es, y avanza hacia el conductor del pick up amenazándole con lo que sacó de su carro. Este reacciona dejando el celular y sacando algo de dentro de su carro, es una pistola. La toma con las dos manos y apunta al que se acerca amenazándole. Le indica que se detenga, mientras retrocede siempre apuntándole con el arma. El otro titubea un poco pero continúa hacia adelante. En el video no se nota el disparo ni mucho menos se escucha, es de una cámara de vigilancia algo distante, pero si se nota que de pronto el atacante de camisa roja, se devuelve saltando en un pie. Al parecer el disparo le dio en la pierna y regresa a saltitos hacia su vehículo. No logra llegar. El del arma, toma de nuevo el celular. El herido, aparece luego en el suelo, donde muere desangrado.

 

            La saturación vehicular sigue durante todo el video y al final no cambia, no se notan más seres humanos, solo carros y carros y más carros alrededor. Luego las opiniones sin fin en las redes sociales y las noticias alarmistas y amarillistas que no veo, pero que repasé en YT para escribir esto. ¨Defensa propia¨, ¨Debió detenerse y estaría vivo aún¨, ¨Por matón..¨ y en la tele: ¨de treinta y tres años, padre de seis y abuelo de uno¨, ¨esto no debió haber pasado, esto no se va a quedar así¨, ¨era el único sostén de la familia¨. Prefiero en este momento no referirme a esto. Lo que nadie ha dicho es ¿Por qué el que tuvo la culpa del choque fue a atacar a la víctima? ¿Qué pasaba por la cabeza del que pronto estaría muerto, para no detenerse ante alguien que le apunta con un arma de fuego? ¿Cómo habría terminado esta historia si el chofer de pick up no hubiese portado un arma?

 

            Otro suceso más que nos demuestra que este ya no es un país seguro y tranquilo, mucho menos pacífico. Siempre los ticos se jactaban de haber visto todas las guerras en Centroamérica, desde afuera y que éramos la Suiza centroamericana. Ahora tenemos a la violencia anidada en nuestras calles. En nuestras mentes. La salud mental del costarricense se cae en pedazos. Si hacemos el ejercicio de ponernos dentro de la cabeza de un hombre que es  padre de seis hijos, que a los treinta y tres ya es abuelo, que es el único sustento de su familia y que circula en automóvil compartiendo espacio con miles de personas con situaciones tan o al menos parecidas a la suya, podríamos comprender que esa cabeza es una olla de presión a punto de estallar. Tal vez este individuo nunca vivió en un hogar donde se demostrara afecto y se enseñara a controlar las emociones. En su escuela y en su barrio creció copiando modelos que aprendió en la tele y aprendió que el más fuerte es el que siempre gana. Así pretendió ser siempre el más fuerte, pero para su pesar, la vida le fue derrotando una y otra vez. El sistema en el que le tocó vivir le demostró que no es más que un número, una estadística. Más recientemente podríamos decir que se sintió apoyado y representado por un grupo político que llegó al poder y que validó aquello de que el macho alfa es el que tiene que mandar. Pero no llegó nunca a enterarse de que lo engañaban todo el tiempo y que todavía el sistema seguía manejado por las élites que le despreciaban y le usaban como un tonto útil. Descargaba sus frustraciones contra sus semejantes y así su explosión de furia e irracionalidad ante el accidente que él provocó, le quitó todas las frustraciones para siempre. 

 

            Casi que todas las personas que conozco, hemos enfrentado una situación de ira descontrolada en la carretera con menores o mayores consecuencias. A mí me tocó aguantarme a un borracho discapacitado amenazarme con un arma blanca, (el episodio del quince uñas), a otros les ha tocado enfrentar armas de fuego o liarse a golpes con desconocidos por idioteces que son producto del desmadre mental-vial costarricense. Del gobierno que empezamos a padecer en estos días, con sinceridad no espero que se vayan a tomar decisiones importantes al respecto, no tengo la más mínima esperanza de que se realicen cambios radicales para cambiar de una vez esta demencia generalizada en las calles. Pero para el futuro, aunque se establezcan campañas urgentes de salud mental, no se podrá aminorar la guerra en las calles porque la rabia epidémica ya estará más que instalada en la psicología de todos o la mayoría de los conductores. Todo esto porque no se tomaron las medidas sociales a tiempo y la comunidad terminó viendo al vecino, al del carro de a la par, como a un rival a vencer.   

 

    Esto no cambiará ni aunque pongan de ministro de transportes a algún renombrado psiquiatra.