Hace un par de días en Cartago
sucedió un accidente de tránsito, de los cientos que ocurren todas las semanas
en las infestadas calles de Costa Rica. Pero este terminó en la muerte de un balazo
de uno de los implicados. Lo primero que escuché sobre el tema fue que ya se
cumplía un mes en Cartago sin que hubiese homicidios, y que se podía considerar
que la normalidad había regresado a la vieja metrópoli, después de meses de
contar con violencia casi cotidiana debida a implicados en el narcotráfico.
Nunca los cartagos pensamos que nos convertiríamos en algo así
como lo que fue
Medellín en Colombia durante los años noventa.
Pero
regresando al caso, un vulgar accidente de tránsito implicó un nuevo homicidio.
El mismo día ya circulaba el video. Una calle saturada de carros. Dos están
detenidos, un pick up blanco y un automóvil que le ha golpeado por atrás. Junto
a la puerta abierta del pick up, su conductor de camisa azul habla por teléfono
observando al conductor del auto que le chocó, de camisa roja, que le dice algo
desde al lado de su carro. Este último entra a su carro y saca algo, no se nota
que es, y avanza hacia el conductor del pick up amenazándole con lo que sacó de
su carro. Este reacciona dejando el celular y sacando algo de dentro de su
carro, es una pistola. La toma con las dos manos y apunta al que se acerca amenazándole.
Le indica que se detenga, mientras retrocede siempre apuntándole con el arma.
El otro titubea un poco pero continúa hacia adelante. En el video no se nota el
disparo ni mucho menos se escucha, es de una cámara de vigilancia algo
distante, pero si se nota que de pronto el atacante de camisa roja, se devuelve
saltando en un pie. Al parecer el disparo le dio en la pierna y regresa a saltitos
hacia su vehículo. No logra llegar. El del arma, toma de nuevo el celular. El herido,
aparece luego en el suelo, donde muere desangrado.
La saturación vehicular sigue
durante todo el video y al final no cambia, no se notan más seres humanos, solo
carros y carros y más carros alrededor. Luego las opiniones sin fin en las
redes sociales y las noticias alarmistas y amarillistas que no veo, pero que
repasé en YT para escribir esto. ¨Defensa propia¨, ¨Debió detenerse y estaría
vivo aún¨, ¨Por matón..¨ y en la tele: ¨de treinta y tres años, padre de seis y
abuelo de uno¨, ¨esto no debió haber pasado, esto no se va a quedar así¨, ¨era
el único sostén de la familia¨. Prefiero en este momento no referirme a esto.
Lo que nadie ha dicho es ¿Por qué el que tuvo la culpa del choque fue a atacar
a la víctima? ¿Qué pasaba por la cabeza del que pronto estaría muerto, para no
detenerse ante alguien que le apunta con un arma de fuego? ¿Cómo habría
terminado esta historia si el chofer de pick up no hubiese portado un arma?
Otro suceso más que nos demuestra
que este ya no es un país seguro y tranquilo, mucho menos pacífico. Siempre los
ticos se jactaban de haber visto todas las guerras en Centroamérica, desde
afuera y que éramos la Suiza centroamericana. Ahora tenemos a la violencia
anidada en nuestras calles. En nuestras mentes. La salud mental del
costarricense se cae en pedazos. Si hacemos el ejercicio de ponernos dentro de
la cabeza de un hombre que es padre de
seis hijos, que a los treinta y tres ya es abuelo, que es el único sustento de
su familia y que circula en automóvil compartiendo espacio con miles de
personas con situaciones tan o al menos parecidas a la suya, podríamos
comprender que esa cabeza es una olla de presión a punto de estallar. Tal vez
este individuo nunca vivió en un hogar donde se demostrara afecto y se enseñara
a controlar las emociones. En su escuela y en su barrio creció copiando modelos
que aprendió en la tele y aprendió que el más fuerte es el que siempre gana. Así
pretendió ser siempre el más fuerte, pero para su pesar, la vida le fue
derrotando una y otra vez. El sistema en el que le tocó vivir le demostró que
no es más que un número, una estadística. Más recientemente podríamos decir que
se sintió apoyado y representado por un grupo político que llegó al poder y que
validó aquello de que el macho alfa es el que tiene que mandar. Pero no llegó nunca
a enterarse de que lo engañaban todo el tiempo y que todavía el sistema seguía
manejado por las élites que le despreciaban y le usaban como un tonto útil.
Descargaba sus frustraciones contra sus semejantes y así su explosión de furia e
irracionalidad ante el accidente que él provocó, le quitó todas las
frustraciones para siempre.
Casi que todas las personas que
conozco, hemos enfrentado una situación de ira descontrolada en la carretera
con menores o mayores consecuencias. A mí me tocó aguantarme a un borracho discapacitado
amenazarme con un arma blanca, (el episodio del quince uñas), a otros les ha
tocado enfrentar armas de fuego o liarse a golpes con desconocidos por idioteces que son producto del desmadre mental-vial costarricense. Del
gobierno que empezamos a padecer en estos días, con sinceridad no espero que se
vayan a tomar decisiones importantes al respecto, no tengo la más mínima
esperanza de que se realicen cambios radicales para cambiar de una vez esta
demencia generalizada en las calles. Pero para el futuro, aunque se establezcan campañas urgentes de salud mental, no se podrá aminorar la guerra en las calles
porque la rabia epidémica ya estará más que instalada en la psicología de todos
o la mayoría de los conductores. Todo esto porque no se tomaron las medidas
sociales a tiempo y la comunidad terminó viendo al vecino, al del carro de a la
par, como a un rival a vencer.
Esto no
cambiará ni aunque pongan de ministro de transportes a algún renombrado
psiquiatra.