viernes, 14 de agosto de 2026

MÍNIMO ACTO DE REBELDÍA

Mi acto de rebeldía contra el mundo es levantarme a las cuatro de la mañana a escribir.

Escribir sobre lo que sea, sobre el mundo, sobre la realidad que nos está tocando padecer, sobre el futuro que ahora más que nunca se nota cada vez más tenebroso y fatal de lo que alguna vez pudimos pensar que sería. Hace rato que no escribo.

Hace rato que dejé ese acto de rebelión estancado, no por falta de deseo sino porque no contaba con las energías para realizarlo. Conseguí un trabajo y he regresado al estado de estrés total de la realidad capitalista en un mundo al borde del cataclismo, que consume nuestra atención, nuestro ocio y al final nuestro futuro para echarnos migajas con qué poder tener la ilusión de estar vivos. Pero era necesario hacerlo, el sistema ya me tenía arrinconado contra el borde de la indigencia y no me decidí nunca a morir de hambre porque aún, a pesar de todo, creo que la vida vale la pena ser vivida cuando se tiene a gente que te brinda calor, amor y esfuerzo por soportarte. Tal vez por eso no opté por terminar con esto, renunciar a la vida como he renunciado a tantas cosas y dar el salto final por voluntad propia. No lo hice porque tuviera miedo, no, temo muchas cosas pero a acabar con mi vida no le tengo miedo. Pero me dolería dejar a esa persona que me quiere y a esta vida que aun a pesar de todo, encierra tanta belleza. Por eso, por esa belleza que aún encuentro todos los días, decidí continuar y cometer algo peor que el suicidio: entregarme de nuevo al sistema como esclavo y meretriz, como engranaje de la máquina que devora personas y que es operada por minorías que no paran de carcajearse en nuestras putas caras.

            Por eso hago el esfuerzo de escribir todas las madrugadas, aunque no publique nada, aunque nadie me lea, para demostrar al mundo, empezando por mí mismo, que se puede crear un mundo diferente, aunque sea aportando un guijarro de palabras cada día. Cada día que inicia con una nueva creación de un ser humano que decidió enfocarse en cambiar la realidad y buscar la forma de crear algo que aporte algo para el nuevo mundo, vale como el justificante para luchar y para recuperar todo lo que nos han arrebatado. A pesar de lo que te quitan de vida para entregarte a cambio treinta monedas con las cuales poder comer y pagar tus deudas, puede quedar ese último esfuerzo por la rebelión cotidiana para hacer algo que cambie las cosas. No solo para uno, porque eso no sirve de nada. La autoayuda, la mejora individual, la autosuperación del individuo, no es más que masturbación. Lo que vale es la creación y compartir esta creación con los demás. Ayudar a otros a enfocarse y a volver a poner la atención en lo que tienen enfrente y no en el espejito negro que nadie suelta porque lo tenemos enganchado con anzuelos de golosina a nuestro cerebro.

            Así pues, lo repito: mi mayor acto de rebeldía diario, por humilde y barato que parezca es levantarme a las cuatro de la mañana a escribir. A crear algo que antes no estaba porque esto es cambiar el mundo. Si todos pudiéramos hacer un acto creativo cada día sacrificando un rato de sueño, o mejor aún, sacrificando la atención que le regalamos a los dueños de la máquina, podríamos poner a girar el mundo en otra dirección. Hacia donde todos quisiéramos que girara, hacia un mundo en el que se pudiera vivir y no luchar por sobrevivir.