So understandDon't waste your time always searching for those wasted yearsFace up, make your standAnd realize you're living in the golden years
Hace poco más de cuarenta años yo era un boy scout que por alguna razón perdida entre las nieblas de la memoria, no fui ese sábado por la tarde a la reunión de los escultistas de la unidad 165 en el parque de Paraíso. Por alguna razón en el viejo aparato de televisión que tenía solo los canales del dos al trece, marqué al último numeral, la docena del diablo, como habría recordado tal vez por alguna novela de piratas de Salgari de las que tanto me gustaba leer entonces y encontré algo que cambiaría mi vida en adelante.
Encontré la música.
Y no es algo que no conociera, ni algo que fuera ajeno a mi entorno. Mi papá tenía su coleccioncita de discos, de los que en ese entonces nadie conocía como discos de vinil o acetato, porque eran los únicos discos que había, excepto por los discos de la cocina eléctrica. Pero su música era algo que no me llamaba la atención, excepto por algunas canciones de Joan Manuel Serrat, cuya poesía tal vez empezaba a sonar campanillas que mucho más adelante me llevarían a leer a Machado y a Miguel Hernández. Hasta ese momento no comprendía que la música pudiera mover a alguien a conmoverse, tal vez porque con solo una escasa década en este planeta, habría tenido que descubrir otras cosas antes para poder seguir sobreviviendo. Aunque ahora que lo pienso, más bien diría: ¨Seguir viviendo¨ porque en aquellos años y a esa edad, se vivía. Es ahora cuando se debe decir: ¨Se sobrevive¨.
La música que había escuchado en la radio hasta entonces, no me había movido ni un pelo, a excepción de algunos pasajes de música clásica que hacían evocar secuencias de películas de acción. Pero no, hasta ese momento no había descubierto de verdad a LA MÚSICA. ¿Y cómo la descubrí ese sábado por la tarde cuando no asistí a la reunión de los scouts?
La descubrí cuando en canal trece encontré un programa donde pasaban a blanco y negro imágenes sobre duelos de aviones de la segunda guerra mundial. Pero no era una película, eran imágenes que acompañaban una canción de rock, un video musical. Escuché en ese momento un tipo de rock que no sonaba en la radio y que no había escuchado nunca. Era algo a la vez melódico, intenso, rápido, fuerte y que calzaba con la idea de lo emocionante que pueden ser las batallas aéreas de los ases del aire de la guerra. Estaba, como supe un tiempo después, a mis diez años ante el video musical de Aces High de Iron Maiden.
El programa Por los caminos del rock, dirigido por Francisco Pujol, bajista del grupo Acero, puso en la televisión nacional al heavy metal, la música que calaría de verdad en el sistema nervioso de una generación completa y muchas más a partir de eso. Así con Iron Maiden, fue que comprendí que la música era más que sonido, era compañía, comprensión, impulso, motivación y sobre todo una llave para tener una perspectiva emocional de la realidad. Algo que como a muchos, me ayudó como acompañamiento durante la transición hacia la adultez. Con el tiempo vendrían los casetes grabados a partir de los discos que los amigos que tenían la fortuna de poseer los discos y luego los casetes originales, como el que aún conservo del Powerslave que aún suena bastante bien a pesar de sus más de treinta años de antigüedad. Y luego vendrían Metallica, Anthrax, Megadeth, Sepultura, y mucho, mucho más metal, que a la fecha escucho con gran afición aunque sin el dogmatismo adolescente que me cerraba los oídos a otros tipos de música por aquellas épocas.
Así pues, gracias a la doncella de hierro, conocí y me apasioné por la música. Esta es mi historia con Iron Maiden, en los años de mi juventud cuando agonizaba el siglo pasado, consideraba casi iluso llegar a pensar que podría estar alguna vez en un concierto de Maiden. Entonces en 2008 se anunció la primera visita de la banda a Costa Rica. Ya era un treintón trabajador pero aún así, saqué vacaciones y me fui con mis amigos a pasar todo el día desde temprano en los alrededores del estadio Ricardo Saprissa, esperando la noche para nuestra primera cita con la doncella.
Los medios de comunicación nacionales que acostumbraban pintar de amarillo sus carencias de inteligencia y valentía, trasmitían en las noticias a todos los que iban al concierto, exponiéndolos como bichos raros, inadaptados y satanistas. Trascendieron entonces declaraciones de curas y pastores condenando la mala influencia para la juventud y la gente asustada, creía que Costa Rica caería bajo el influjo de Satán y sus esbirros metaleros. Pasó el tiempo y los empresarios de espectáculos notaron la mina de oro que significaba traer bandas que llenaran estadios y la que más lo hacía fue Maiden, así que llegaron por acá un par de veces más. En una de esas ocasiones, una compañera de trabajo me contó que la secretaria del jefe les decía, a mis espaldas obviamente, que debían rociar agua bendita en las oficinas porque yo estaba trayendo presencias oscuras al trabajo por haber ido a ese concierto. Esa misma mujer, decía que el avión de la banda que tenía estampado el número 666, sobrevolaba el país antes de aterrizar para maldecir a los primogénitos de todas las familias ticas. A saber si esas maldiciones están surtiendo efecto ahora con la patética recua de anfibios que nos gobiernan y la fauna estulta que les apoya.
Ayer, Iron Maiden realizó su cuarta presentación en Costa Rica y como miles más, todos con historias parecidas o muy distintas a la mía, me regocijé y les agradecí por su música. Tal vez esta sea la última vez que les veamos por estos lares y tal vez muchos de los más jóvenes que los vieron por primera vez en este concierto, recuerden cuando sean viejos haber escuchado la ¨Rima del anciano marinero¨ interpretada por sus creadores y en la voz única de Bruce Dickinson.
Eso si es que la inteligencia artificial combinada con la estupidez humana, les brinda algo que se llame futuro.
Este es el repertorio con el que los Iron Maiden regocijaron a la muchachada.
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