Las multitudes se movilizaron,
saturaron las calles,
infestaron los comercios
y colapsaron todo lo que existe
bajo los techos de latas de zinc
y los cables que agobian los postes.
Hacía tiempo no se provocaba
un tropel tan ridículo y obsceno
de cuerpos distintos
movidos por un solo objetivo
en su heterogeneidad.
Todas las ciudades
concentraron almas.
Y si aun quedaran almas
en estos campos y montañas,
también se aglutinarían.
Pero ya no quedan allá
ni cuerpos ni almas,
porque ya no hay
ni campos ni montañas
desde que el asfalto y el wifi
se necesitan más
que la sombra y el agua
La gente,
la multitud,
la masa corpórea
de sacos de piel
contenedores de ilusiones,
pensamientos, miedos
y sobre todo deseos,
se desparramó en las calles
para buscar, para pedir,
para rascar, para exigir
algo.
Algo, que quieren.
Que necesitan.
Que desean.
Que les hará feliz.
Y les dará satisfacción.
Y les bendecirá su vida.
Y les convertirá en dichosos
y en admirados objetos de la envidia.
Algo que les dijeron que regresaba.
Algo que les transportaría
a otro tiempo,
a otro lugar.
A un tiempo
mil veces mejor que este.
La voz que se infiltró
en sus cabecitas huecas
les decía que si tenían de nuevo
aquel sabor que venía de hace décadas
volverían a saborear su juventud.
A sentir la libertad de la adolescencia.
Los labios del primer amor.
El sabor de la comida de mamá.
El olor de aquel perro que
hace años está enterrado
en el patio de la casa
que tuvieron que vender
cuando abuelita murió.
Las gentes de esta tierra olvidada
creyeron lo que los publicistas dijeron
cuando se volvió a vender
aquella galleta barata,
descontinuada y sin gracia.
Y acudieron en masa
a hacerle el negocio
a algún millonario extranjero,
o a algún millonario nacional
que preferiría mil veces
ser extranjero,
y que pensó que tal vez
ofrecer ilusiones
de un pasado que ya no existe,
es tal vez tan buen negocio,
como el de vender
ilusiones de un futuro
que no será.

Igual que la paleta dos pinos😂 y así con muchas otras situaciones también ...
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